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Cómo lo hago

Cómo cultivar tomates ecológicos

como cultivar tomates ecologicos

El cultivo del tomate es sin duda una de las prácticas más extendidas de la agricultura española. Es el rey de las hortalizas y es sin duda el más utilizado en la tradición de la cocina mediterránea. Cultivarlo ecológicamente es un buen desafío. Con el cuidado adecuado, de hecho, esta planta es capaz de darnos una gran cosecha.

Seamos claros, el sabor de un tomate ecológico cultivado por nosotros es inigualable a lo que encontramos en el supermercado, quizás pagando un elevado precio y producido usando pesticidas perjudiciales para la salud.

En este artículo investigaremos todos los aspectos técnicos que nos permitirán cultivar tomates ecológicos. Hablaremos de las características de la planta, de la elección de la variedad adecuada para su cultivo, de la mejor época para la siembra y el trasplante. Además veremos los tratamientos necesarios para el cultivo y técnicas para la defensa biológica de plagas y enfermedades.

Origen y distribución de los tomates

El tomate es originario de la civilización azteca. Nació en una franja de territorio que va desde Chile hasta Perú y Ecuador. En México se consideró inicialmente como una maleza que crecía en el maíz. Sin embargo, pronto se hizo evidente que la producción estaba mejorando. Los primeros en cultivarla fueron los indios. Eran agricultores muy cualificados y desarrollaron un sistema de producción basado en la gestión de la tierra y la regulación del agua. Un sistema que incluso puede competir con la agricultura moderna.

Los primeros en traer tomates a Europa fueron los españoles y desde allí esta fruta llegó a Italia.

La planta del tomate

El nombre científico de la planta del tomate es Solanum lycopersicum (sinónimo de Lycopersicon esculentum). Se trata de un cultivo herbáceo anual perteneciente a la familia botánica de las Solanáceas, al igual que el pimiento, la berenjena y la patata.

Tiene un gran tallo central y numerosos tallos ramificados y sarmentosos. Puede alcanzar una altura de 0,50 cm a más de 2 metros, y tiene una postura erguida si está adecuadamente apoyada con soportes. Sin embargo, si no hay soportes, el tallo y las diversas ramificaciones presentan una postura postrada y rastreadora.

Raíces

El sistema radicular difiere según si el tomate se siembra directamente en el suelo o si se transplanta. En el primer caso, se desarrolla una raíz fuerte, con numerosas ramificaciones laterales que forman un denso sistema radicular. En el segundo caso, la raíz del pie central pierde su predominio. La profundidad máxima de enraizamiento de la planta varía de 70 cm a 1,5 metros.

Hojas

Las hojas de la planta del tomate son alternas y pinnadas, de diferente longitud dependiendo de la variedad. Las hojas son desiguales, incisivas y lobuladas y tienen una consistencia arrugada. Son ligeramente pilosas y ricas en glándulas que contienen solanina.

Su color es amarillo verdoso y emiten un aroma intenso y característico. Con las hojas y ramas secundarias (hembra), se puede preparar un pesticida natural eficaz: el tomate macerado.

Flores y frutas

Las flores del tomate se recogen en racimos que surgen del ángulo inferior de las hojas. Su número es variable de 4 a 12 (aún más en el caso del cherry y variedades similares).

Son amarillas, bisexuales, con el ovario superior plurilocular y pluriovulado. Los estambres pueden ser 5 o más, y se forman con anteras en una manga alrededor del pistilo. Por esta razón, la fertilización de las flores de tomate es principalmente autopolinizante.

Los frutos del tomate, por otro lado, son bayas carnosas de diferentes formas, tamaños y texturas dependiendo de la variedad. La piel suele ser lisa y delgada, mientras que la pulpa es acuosa y contiene las semillas. El color final del tomate maduro es típicamente rojo, pero hay variaciones.

Variedad, elija la que quiera para cultivar

Actualmente hay cientos de variedades de tomates y elegir la correcta para cultivar no es fácil.

Desde el clásico tomate redondo liso, roma, RAF (pata negra), muchamiel, kumato, estrella, dombito y muchas otras más. Si decidimos cultivar tomates en nuestra huerta ecológica tenemos muchas opciones.

Lo ideal siempre sería escoger semillas de variedades campesinas antiguas o variedades que se han convertido en locales. Estas especies ya tienen en su equipaje genético la adaptación a las condiciones climáticas de la zona en la que crecerán.

Este tipo de semilla se puede recuperar a través de ferias comerciales, puntos de encuentro entre agricultores donde, de hecho, intercambian las distintas semillas.

Si no tienes experiencia y no sabes cómo obtener las semillas adecuadas, es mejor cultivar tomates de variedades más fuertes y resistentes . Algunos ejemplos son el tomate cherry o el tomate redondo.

Otra idea podría ser cultivar tomates de diferentes variedades. Esto nos permite tanto probar el comportamiento de cada variedad en nuestro ecosistema, como tener diferentes períodos de recolección. No todas las variedades producen sus frutos al mismo tiempo. De esta manera, ganaremos experiencia y sabremos con mayor certeza qué variedad será la mejor para cultivar el año siguiente.

Cómo cultivar tomates

Necesidades de suelo y clima

El cultivo del tomate tiene requisitos medioambientales particulares. Es muy sensible a las heladas y le encanta el calor seco. El clima ideal para el cultivo en campo abierto es, por tanto, el tiempo templado cálido del periodo primavera-verano. Si estas condiciones no se cumplen, entonces la planta necesita ser cultivada en un invernadero.

Para la germinación de las semillas, la temperatura mínima es de 12 °C, mientras que para la floración la temperatura es superior a 20 °C. Las mejores temperaturas para la sedimentación, el crecimiento y la maduración de los frutos son las que no superan los 30 °C durante el día y no descienden por debajo de los 15 °C durante la noche. No obstante, las temperaturas constantemente superiores a 30 °C pueden provocar problemas de sedimentación o defectos en la consistencia de los frutos.

Otro factor ambiental a tener en cuenta para cultivar tomates orgánicos, es evitar ambientes demasiado húmedos. Estos, de hecho, podrían causar la aparición de ciertas enfermedades.

Período de siembra y trasplante

Dadas las condiciones climáticas, está claro que los períodos ideales para empezar a sembrar tomates son:

  • Febrero y marzo utilizando un semillero en un ambiente caluroso
  • Abril con semillero al aire libre

El trasplante en campo abierto comienza en abril, cuando las temperaturas son estables. Sin embargo, es sobre todo en los meses de mayo y junio cuando los tomates se trasplantan al huerto de la casa.

Preparación del suelo

Los tomates se pueden cultivar en diferentes tipos de suelo, lo importante es que tengan un excelente drenaje. También deben tener un ph entre 5.5 y 8.

La correcta preparación del suelo, con una labranza profunda que ayude a la propagación del sistema radicular, es fundamental. Los medios mecánicos, como el tractor y el subsolador, pueden ser apropiados en grandes parcelas de tierra.

Fertilización

El cultivo del tomate requiere una gran cantidad de materia orgánica en nuestro suelo. Lo ideal sería utilizar estiércol de animales criados ecológicamente durante los meses de otoño. A continuación, repartirla uniformemente sobre el suelo previamente arado y dejarla reposar durante todo el período invernal.

Aproximadamente un mes/veinte días antes del trasplante, la tierra abonada necesita ser trabajada más a fondo.

De esta manera obtendremos un compuesto uniforme y equilibrado.

El estiércol más utilizado es el de las vacas, siendo el más potente el de las gallinas. Este último debe utilizarse con mucho cuidado: un suministro excesivo de nitrógeno, de hecho, puede quemar los cultivos.

Si el suministro de estiércol animal puede ser difícil, el uso de estiércol peletizado es una alternativa práctica y económica. Se trata de un buen producto, que tiene las mismas cualidades orgánicas que el estiércol, está maduro hasta el punto justo, es fácil de distribuir en el suelo, se aplica justo antes del trasplante y es fácil encontrar pellets de estiércol.

En el ámbito doméstico, las alternativas válidas al estiércol son las representadas por el resultado del compostaje y el humus de las lombrices de tierra. Ambos fertilizantes naturales se pueden aplicar poco antes de transplantar las plántulas de tomate.

Riego

El riego es esencial para cultivar tomates que crecen sanos y frondosos. El agua debe ser abundante y constante, ya que la planta crece en los meses de verano. Por lo tanto, antes de iniciar el cultivo del tomate, será necesario preparar el sistema de irrigación, preferiblemente con una manguera de riego por goteo.

Asegúrate de que el suelo esté siempre muy húmedo y evite dar agua a las plantas en las horas más calurosas del día. Esta precaución protegerá a las plantas de desequilibrios peligrosos.

Uno de los problemas típicos debido al desequilibrio hídrico del tomate (junto con la deficiencia de calcio) es la famosa pudrición apical.

Distancias de trasplante

El tomate es una planta que crece mucho a nivel vegetativo, por lo que necesita un espacio adecuado para crecer armoniosamente. Las plantas, que tienen una altura de 10-15 cm, deben trasplantarse a una distancia mínima de 40 cm entre sí. La distancia entre las filas debe ser de al menos un metro lineal. Si ha decidido usar la manguera con una línea de riego por goteo para la irrigación, trasplántela a unos 2-3 cm del orificio de salida del agua. La profundidad debe ser de al menos 5 cm, superando en este caso la altura del terrón de tierra. Este detalle permitirá que sus plántulas desarrollen nuevas raíces adventicias en la parte superior del bulto. Las nuevas raíces le darán más fuerza y capacidad para adquirir nutrientes en las primeras etapas de crecimiento.

Acolchado

El cultivo ecológico de tomates requiere un buen mantillo y que sea lo más natural posible. Acolchar el suelo, de hecho, nos ayudará a limitar el desarrollo de malezas, a menudo portadoras de parásitos animales de las plantas. También reducirá la cantidad de agua necesaria para el cultivo.

La capa de mantillo tiene entre sus principales características que ayuda al suelo a permanecer siempre bien húmedo. Y esto, para una planta como la del tomate, es una precaución fundamental, que puede marcar la diferencia entre un crecimiento problemático y un crecimiento exuberante y sano.

Fijaciones y soportes

A medida que las plantas de tomate crecen, necesitan un soporte adecuado y sujeciones. El método clásico implica el uso de cañas, preferiblemente de bambú. Esto creará una estructura que guiará el crecimiento de la planta. El bambú, además de ser el soporte ideal para el cultivo de tomates, también es fácil de conseguir.

Se coloca una caña vertical cerca de cada planta de tomate. En correspondencia de cada etapa de las flores, por otra parte, un bastón debe ser colocado horizontalmente. De esta manera se creará una estructura rígida a la que se sujetarán las plantas para soportar su peso y evitar que se rompan.

Otro sistema, adecuado para cultivos más grandes, es usar postes de madera grandes (o postes de hierro más pequeños). Estos se colocarán a lo largo de la fila a una distancia de unos dos metros uno del otro. Alrededor de los postes debe correr un hilo de nylon lo suficientemente resistente.

Hay dos pasos para llevar a cabo este sistema de atado:

  • Utilice postes de madera (generalmente de castaño) con una altura de al menos 2,20 metros (de 40 a 50 cm del poste debe ir enterrado).
  • Tense bien el hilo de nylon de palo a palo para soportar el peso de las plantas y los frutos.

Poda del tomate

Para cultivar tomates de forma exitosa, es necesario realizar una operación de cultivo muy delicada aunque sencilla, la poda de la planta. Esta operación consiste en retirar, manualmente o con herramientas, los brotes laterales de la planta. El propósito es concentrar la energía linfática de la planta en un tronco principal y luego en los frutos que lleva. Esto evita el crecimiento de nuevas ramas y hojas. No sólo no darían nuevos frutos, sino que también debilitarían el crecimiento de los ya existentes.

Por lo general, el cultivo de tomates para ensalada lleva a la madurez 5 ó 6 floraciones de fruto por planta. Esto significa que es inútil cultivar nuestras plantas en altura indefinidamente. Una vez formadas estas 5-6 fases, se puede realizar el recorte apical, es decir, la parte superior de las plantas se puede cortar inmediatamente después de la última fase del fruto. Todas estas operaciones se pueden realizar manualmente, pero si no eres lo suficientemente “manitas” y sensible con las plantas, te recomendamos que utilices las herramientas adecuadas, como tijeras o cuchillos. El cuchillo es una herramienta indispensable para el cuidado del huerto, y que se utiliza en varias ocasiones. No es recomendable caminar por el huerto sin un cuchillo en el bolsillo, ya que sabemos que siempre hay algún detalle que arreglar.

Un detalle importante: Recuerde limpiar periódicamente las cuchillas de las herramientas que está utilizando. Una hoja sucia puede ser un vector de enfermedades.

Recolección

El fruto del tomate debe cosecharse cuando ha alcanzado la madurez, es decir, cuando adquiere el color rojo clásico. Ten cuidado, sin embargo, de no esperar demasiado tiempo, mejor cosechar cuando el rojo no está completado y los frutos están aún algo duros. Esto es útil, ya que los tomates siguen madurando incluso después de haber sido separados de la planta. Dejar que maduren demasiado puede provocar que se pasen y se pudran.

Protección biológica contra plagas

Desafortunadamente, el cultivo de tomates ecológicos nos enfrenta al problema del manejo de plagas. La planta, de hecho, es una de las preferidas por los insectos nocivos y patógenos.

Insectos nocivos

En cuanto a los insectos, los principales enemigos del tomate son los pulgones, la mosca blanca y los insectos.

Para los pulgones la mejor cura es la prevención, que se realiza con los macerados naturales. En particular el macerado de ortiga y la infusión de ajo. Estas preparaciones, fáciles de producir, tienen una acción repelente que mantendrá alejados a los áfidos.

Para la mosca blanca, un insecto volátil y muy móvil, macerado solo, no es suficiente. Por lo tanto, será necesario intervenir en el momento oportuno con jabón puro de Marsella.

Tanto el jabón natural macerado como el jabón puro de Marsella se rociarán sobre las plantas durante las horas frescas del día. Para hacer esto, recomendamos usar un pulverizador de mochila que puede simplificar enormemente el trabajo.

Aún más compleja y delicada es la defensa biológica contra los insectos. Se necesita una estrategia de manejo integrado de plagas para estos insectos.

Enfermedades de las plantas

En cuanto a las enfermedades, en el cultivo del tomate las más problemáticas son el mildiu lanoso, el mildiu polvoriento y las enfermedades virales.

Se trata de enfermedades con características específicas y estrategias de defensa.

En resumen, como acabas de ver, el cultivo de tomates no es fácil. Sin embargo, si sigues estas pautas, cuando los pongas sobre la mesa, tendrás una gran hortaliza para disfrutar.

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