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Cómo lo hago

Cómo diseñar un huerto

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Si tienes un terreno (o una buena terraza) y está pensando en diseñar un huerto, esto probablemente significa que ya ha hecho los dos trabajos preliminares para esta importante operación. Estamos hablando de cómo preparar su terreno y cómo construir un sistema de riego.

Con el término diseñar un huerto queremos definir la forma en que queremos que se organice nuestro huerto ecológico, en resumen: cómo organizarlo en todas sus etapas. En particular, nos gusta hablar del diseño del huerto utilizando el término arquitectura, porque es como un dibujo, una creación geométrica en la que podemos reflejar nuestros deseos.

diseñar un huerto

Hay mil maneras de diseñar un huerto orgánico, hay quienes lo hacen sinérgicamente, quienes lo dibujan de manera circular, quienes lo organizan en permacultura, quienes lo hacen de manera clásica. Hoy en día estamos sentando las bases para el diseño de una huerta, haciendo una elección adaptada a las condiciones del pequeño suelo que se acaba de trabajar. Por lo tanto, aquí están los pasos a seguir para diseñar una parcela de tierra para ser transformada en un huerto orgánico.

Jardín en forma de cuadrícula

Estos son los pasos básicos para diseñar un jardín orgánico:

Rotaciones de cultivos

En primer lugar, si se quiere hacer un cultivo ecológico, hay una primera regla a respetar, la de las rotaciones culturales. Las plantas de jardín se dividen en cuatro grandes familias botánicas: las Solanáceas (tomate, pimiento, berenjenas, patatas), las Cucurbitáceas (calabaza y calabacín, melón, pepino), las Leguminosas (haba, lentejas, guisantes), las Crucificíferas (coliflor, repollo, brócoli, nabo, rúcula). Si quieres diseñar un huerto orgánico tienes que tener en cuenta algunas reglas. La distinción entre cultivos solanáceos y no solanáceos es fundamental, ya que el tomate, el pimiento y la berenjena, pertenecientes a esta familia, son plantas que cansan mucho el suelo, absorben mucha materia orgánica, necesitan un cierto régimen de agua.

Preservar la estructura del suelo

La rotación de cultivos es importante para salvaguardar la estructura del suelo en la agricultura ecológica. Por lo tanto, es necesario garantizar la alternancia de cultivos solanáceos. En términos prácticos, no puedes plantar tomates en el mismo lugar todo el tiempo. Lo ideal es dividir el suelo en espacios delimitados, o en porciones, y donde se colocan los cultivos solanáceos (que en los próximos episodios del blog veremos en detalle), para que el siguiente cultivo, incluso después de un año, no repita la misma familia de cultivo.

Si queremos diseñar una huerta pequeña donde haya un poco de todo, nos aseguraremos de realizar una rotación de cultivos de las solanáceas en diferentes espacios cada vez.

Asociaciones beneficiosas

Estrechamente ligadas a la rotación de cultivos están las reglas del cultivo intercalado, lo que significa que en la naturaleza hay ciertas combinaciones de plantas que tienen éxito cuando se cultivan juntas, mientras que otras no.

En la agricultura ecológica, se debe intentar crear una comunidad de plantas multiforme pero armoniosa.

Una combinación equilibrada dará como resultado una integración mutua de las distintas plantas, tanto en la parte subterránea como en la aérea. Las plantas deben elegirse de manera que no se molesten unas a otras con hojas o frutos, dejando siempre suficiente espacio para el paso de la luz y el aire.

Por ejemplo, las plantas que requieren mucha humedad pueden llevarse bien con otras que la necesitan menos. O las plantas de raíces profundas abren el suelo para otras especies con raíces menos profundas.

Tener en cuenta estos fundamentos tienen un efecto preventivo o curativo contra enfermedades e infestaciones de parásitos, que es fundamental en un cultivo orgánico. Este tipo de agricultura no implica el uso de pesticidas. O las plantas que requieren mucho alimento deben ser seguidas por las que requieren poco, o por las plantas que enriquecen el suelo de nuevo, como las leguminosas.

Ejemplos de cómo diseñar un huerto

Para entender mejor cómo diseñar un huerto podemos dar algunos ejemplos prácticos: Después de un cultivo de tomates (solanáceas) que dura de junio a septiembre, sería conveniente en esa área de la tierra, en noviembre, plantar habas (leguminosas), en particular las habas tienen la capacidad de generar y retener en el suelo elementos de nitrógeno (nitrógeno-fijador), que regeneran el suelo propiamente dicho, después del estrés de un cultivo de tomates, a continuación, te encontrarás en primavera con una buena colección de habas, y un suelo listo y regenerado para un cultivo de no solanáceas, como los calabacines.

También hay muchas otras combinaciones posibles, muy adecuada es por ejemplo la combinación de judías verdes, colocadas en la periferia del huerto, y pepinos, colocados en el centro, o la combinación de tomates y albahaca plantados entre un tomate y otro. La combinación de pepinos y tomates es muy negativa, al igual que la combinación de judías e hinojo.

Qué plantar en nuestro huerto orgánico

Pues bien, una vez aclaradas estas reglas básicas, para completar la organización de un huerto ecológico, basta con elegir lo que se quiere plantar, según los gustos, las necesidades dietéticas y también la optimización entre el espacio disponible y el período de cultivo. Por ejemplo, si desea comenzar a plantar algo en primavera que ocupa poco tiempo y espacio en el suelo, es posible que desee centrarse en ensaladas y acelgas, variedades que necesitan poco cuidado y agua en este período, y que pueden estar listas para el consumo en 30-40 días a partir de la fecha del trasplante.

O si no tienes mucho espacio, puedes limitar las cantidades de pepinos y judías verdes a plantar, son especies muy productivas, sólo unas pocas plantas pueden satisfacer las necesidades alimenticias de la familia.

Algunas zonas para los tomates, que no producen mucho para una sola planta, las otras solanáceas, berenjenas y pimientos, sin embargo, son más productivos y si se cuidan bien tienen una vida más larga que los tomates, en algunas zonas producen frutos de junio a octubre, a excepción de los calabacines, que requieren mucho espacio para el cultivo de una sola planta, tienen una vida media, y producen cantidades adecuadas sólo si se plantan en número.

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